Trabajando

Posted in ensayos on agosto 2nd, 2010 by admin

Vuelta al laburo.

Nuevos proyectos, viejos gorilas.

Miedo a los primeros, sensación de victoria contra los últimos.

En cualquier caso, reformulando. Ya estaré de vuelta.

En la plenitud que mi sempiterna limitación me lo permita.

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Volviendo

Posted in escritos on julio 4th, 2009 by admin

Luego de que algún lammer se metiera a ejercitarse en mi blog y a subir archivos para volar mi espacio en el servidor, es que estoy volviendo. Luego de reparar casi todo, aprovechar para hacer limpieza, mejorar cosas, agregar alguna cosita. Mientras escucho la lamentable performance de River en la radio, limpio, ordeno.

El marulo se acomoda, la ficha va cayendo, el espíritu revolucionario, a pesar de los tacuarembó, sigue más despierto que nunca. Acá estamos, pensando, mirando, entendiendo.

Todo se repara, todo se revierte. Con trabajo. Sin barbijos que paspan cerebros. Un mes de trabajo casero me espera. A seguir ordenando pues. Estamos en invierno. Pero todo es cíclico, la naturaleza es sabia.

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con la democracia se cura, se come, se educa…

Posted in actualidad, artí­culos, democracia, ensayos, escritos, mi vida(?), polí­tica on abril 1st, 2009 by riverplatense

En el año 1983 yo tení­a 15 años. Creí­a en dios, en mí­, en la vida y en la humanidad. Confiaba en que podí­a cambiar el mundo y el mundo jamás me harí­a cambiar. En ese entonces, forraba mis carpetas con entradas de recitales, fotos de guitarristas y soñaba con tener algún dí­a un Chevrolet.

Sin ser yo radical ni mucho menos, claro está, fuí­ a la Plaza el 10 de diciembre a participar de la asunción de Alfonsí­n como presidente democrático luego de la frí­a y terrible noche del proceso. Querí­a ser parte de la historia, estar allí­ cuando la mañana llegara y las nubes se fueran. Se discutí­a en la escuela, en la calle. Se marchaba por las calles de manera alegre y comprometida, y hacer polí­tica era un orgullo, no eso que ahora se intenta, de manera  idiota, esconder y disfrazar para ser electo, justamente. Y confieso que creí­ en el entonces presidente. Me emocionó cuando los juicios a las juntas, cuando no se dejaba patotear por los curas y cuando se plantaba frente a los garcas de la Sociedad Rural que lo chiflaban sin pensar unos y otros que hoy son aliados contra el pueblo.

El famoso dí­a de las ‘felices Pascuas’ quedé atónito. Creí­ que yo solo habí­a entendido lo que Alfonsí­n quiso decir. Que la gente que lo vivaba y los cronistas que explicaban lo que se oí­a,  parecí­an no entender que el tipo estaba explicando que habí­a reculado. Que con todo el pueblo en la calle dispuesto a ir a correr a esos milituchos a patadas, él habí­a optado por negociar y presentarlos como ‘héroes de Malvinas que habí­an equivocado el camino’. En ese preciso momento comprendí­ que no podí­a esperar nada más de esos tipos de boina blanca. Que la definición y la confrontación, aún si fueran para la libertad, no era lo suyo, que eternas negociaciones no hacen a la historia de un pueblo libre. Allí­ aprendí­ que se necesitaba algo más que pose de estadista y un enorme chamuyo. Más allá de todo eso, de la capacidad, de la honestidad, de la tarea polí­tica verdadera, de la militancia, del comité y la inteligencia; los verdaderos lí­deres deben conocer al pueblo. Saber que se las personas comunes se levantan temprano y viajan mal. Que laburan mucho y cobran poco, que cada tanto pasan hambre y que tienen que madrugar aún más para pedir un turno en el hospital. Que los hijos deben penar para tener zapatillas nuevas y que el frí­o no es un buen amigo. Que las vacaciones son un lujo al alcance de unos pocos y que la escuela enternece y amolda a los que la vida atosca y borronea. Si no sos parte del pueblo, no podés entrar en él. No hablás su idioma aunque conozcas su lengua.

Todo eso pensaba, a mis 16 o 17 años. El porqué recién lo escribo, es una sombra de reproche al que pudo ser y se fue sin siquiera parecer.

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Chau Maria…

Posted in escritos, mi vida(?), propias on febrero 3rd, 2009 by riverplatense

MariaSalvo excepciones muy especí­ficas, todos nosotros conocemos a pocas personas que son capaces de honrar la condición humana. Poseen determinadas cualidades que nos susurran al oí­do que no todo está perdido, que es mentira que es lo mismo ser derecho que traidor. Esas personas que llevan a cuestas una bolsa llena de amor, de vitalidad, de fuerza y de amor y lo reparten como debe repartirse, sin guardarse nada, para multiplicarlo. Ese bolsón, pareciera que necesitase de unos brazos enormes para ser llevado, que solo un Titán podrí­a hacerlo. Bien, yo he conocido a una petisa, que llevó el bolsón más grande, con una sonrisa siempre para ofrecer. Fue conocernos y querernos, divertirnos, disfrutar y trabajar. Nuestras vidas, diferentes hasta entonces, se cruzaron una noche en su casa y se anudaron para siempre en el monte formoseño. Estuvo allí­ cuando vino mi hijo, y su auto fue el carruaje real y fue también de mi familia. Pasamos peripecias poco comunes, nos hermanamos para siempre. Junto a Miguel engrandecieron el mundo con cuatro hijos. Que llevan la sangre joven y dinámica de Maria. Familia fuerte y sólida, dueños ahora de un cacho de cielo limpio y azul.

Nos reí­amos constantemente, regalaba buen humor. Regalaba fuerza. Regalaba amor. Esa bolsa no tení­a fondo ni lí­mite. No paraba de hacer, no paraba de dar, no paraba de amar.

Dónde está ahora toda la alegrí­a? Dónde está toda esa vida? Dónde está el delicioso torbellino que eras?. Lo llevamos con nosotros, como fuego que arde en nuestro corazón. Gracias por encenderlo y conservarlo.

Me toca decirte chau querida Maria. No puedo ni quiero, pero así­ es la cosa, un “horrrouorrr” . Nos encontraremos para seguir riendo. Acá, como me dijiste el otro dí­a, dejaste todo en paz, regaste nuestra vida a pura sonrisa. Y, como sabés, eso florece, inexorablemente. Gracias por todo, te queremos mucho.

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