Todos somos iguales ante Dios. Pero algunos son más iguales que otros

Posted in artí­culos on julio 7th, 2010 by admin

Sinceramente, escuchar a la senadora Alegre,  Aguer,  Grondona,  Casaretto y demás pensadores(?) de nuestra sociedad, manifestarse en contra del matrimonio igualitario, provoca una sensación que oscila entre el asombro y el dolor testicular.

Es fatalmente cierto y a la vez increíble, que en pleno siglo XXI ciertos pelafustanes, haciendo ostensivos títulos que nadie les ha otorgado, se arrogan la representatividad de “la sociedad” y determinan quiénes son “ellos” y quiénes “nosotros”.

Para esta casta, yo sería parte del “nosotros” teniendo en cuenta mi condición de heterosexual. Pero me siento totalmente en las antípodas, por lo tanto soy “ellos” ya que no soy parte de aquel “nosotros” que involucran a los “normales”. Aunque me siento el primer luchador a favor del matrimonio igualitario, por más que a mí no me influya directamente. Primero y principal por la cuestión de igualdad que debe regir en toda comunidad. Y segundo porque al ver quiénes son los que se oponen, y de qué manera lo hacen, es evidente que mi posición está tomada en la vereda de enfrente de estos verdaderos dinosaurios no extinguidos.

Tal parrafada, tal atentado a la inteligencia, expresado de manera patética, implica la última resistencia de estos oscuros seres, el manotazo del que se sabe perdido. Los sentimientos, las relaciones humanas, afortunadamente no están en manos de los exégetas de la creación.

De un lado tenemos a personas que simplemente piden amarse libremente, de manera igualitaria a todos los humanos. Del otro tenemos a los obispos amenazando a las autoridades.

De un lado, compañeros que piden casarse legalmente. Del otro talibanes del mal exponiendo a escolares y queriendo prohibir lo diferente.

De un lado los que piden igualdad. Del otro lado los que se creen la verdad.

De un lado el amor. Del otro el odio.

Como dijo ayer Víctor Hugo Morales, ya se sabe que es inexorable el triunfo de los buenos. La naturaleza no se deja regular por los monjes inquisidores.

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