Carta de Perón por la muerte del Ché

Posted in publicaciones on octubre 9th, 2009 by admin

Hoy conmemoramos la partida de uno de los próceres de nuestra nación y de la América toda, Ernesto Guevara, era fusilado en Bolivia por mandato del imperio, y así nació el mito, su semilla revolucionaria se esparció por el mundo todo, y seguirá haciéndolo eternamente. Perón, en aquellos momentos exiliado (1967) escribía las siguientes palabras para homenajear al Ché:

“Compañeros:
Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. Quienes hemos abrazado este ideal, nos sentimos hermanados con todos aquellos que en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan contra la injusticia, la miseria y la explotación. Nos sentimos hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las oligarquías apàtridas apuntaladas por militares títeres del Pentágono mantienen a los pueblos oprimidos.
Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto Che Guevara.
Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir.
He leído algunos cables que pretenden presentarlo como enemigo del Peronismo. Nada más absurdo. Suponiendo fuera cierto que en 1951 haya estado ligado a un intento golpista, ¿qué edad tenia entonces?. Yo mismo, siendo un joven oficial, participé del golpe que derrocó al gobierno popular de Hipólito Irigoyen. Yo también en ese momento fuí utilizado por la oligarquía. Lo importante es darse cuenta de esos errores y enmendarlos. ¡Vaya si el Che los enmendó!.
En 1954, cuando en Guatemala lucha en defensa del gobierno de Jacobo Arbenz ante la prepotente intervención armada de los yanquis, yo personalmente dí instrucciones a la Cancillería para que le solucionaran la difícil situación que se le planteaba a ese valiente joven argentino; y fue así como salió hacia México.
Su vida, su epopeya, es el ejemplo más puro en que se deben mirar nuestros jóvenes, los jóvenes de toda América Latina.
No faltarán quienes pretendan empalidecer su figura. El imperialismo temeroso del enrome prestigio que ya había ganado en las masas populares; otros, los que no viven las realidades de nuestros pueblos sojuzgados. Ya me han llegado noticias de que el Partido Comunista Argentino, solapadamente, está en campaña de desprestigio. No nos debe sorprender ya que siempre se ha caracterizado por marchar a contramano del proceso histórico nacional. Siempre ha estado en contra de los movimientos nacionales y populares. De eso podemos dar fe los peronistas.
La hora de los pueblos ha llegado y las revoluciones nacionales en Latinoamérica son un hecho irreversible. El actual equilibrio será roto porque es infantil pensar que se pueden superar sin revolución las resistencias de las oligarquía y de los monopolios inversionistas del imperialismo.
Las revoluciones socialistas se tiene que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que ella tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre si los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América latina no van a resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto, no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar a la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. Y esta tarea, la deben llevar adelante quienes se sientan capaces. La lucha será dura, pero el triunfo definitivo será de los pueblos. Ellos tendrán la fuerza material circunstancialmente superior a la nuestra; pero nosotros contamos con la extraordinaria fuerza moral que nos da la convicción en la justicia de la causa que abrazamos y la razón histórica que nos asiste.
El Peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto Che Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica”.
Juan Domingo Perón 24 de octubre de 1967.

Agradezco a los compañeros de Fuenteovejuna por el texto

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Firme junto al pueblo….

Posted in publicaciones on junio 22nd, 2009 by riverplatense

Tapa de Crónica del dí­a de la fecha. Sin trucos, sin eufemismos.

Tapa del dí­a de la fecha

Tapa del dí­a de la fecha

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Orlando Barone y las dudas

Posted in actualidad, publicaciones on junio 1st, 2009 by riverplatense
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miércoles 27 de mayo de 2009

No   tengo   dudas por Orlando Barone

Mientras las madres y abuelas de Plaza de Mayo estén junto al gobierno, no tengo dudas.

Mientras sigan apareciendo hijos de desaparecidos recobrados, no tengo dudas.

Mientras haya quienes sigan vivando a los represores, no tengo dudas.

Mientras los gobiernos de Latinoamérica estén cada dí­a más ligados a la Argentina, no tengo dudas.

Mientras la jerarquí­a de la Iglesia sea más afí­n al mensaje de los opositores que al mensaje del gobierno, no tengo dudas.

Mientras el FMI esté allá pero no aquí­, no tengo dudas.

Mientras la extrema izquierda se vaya tanto a la izquierda que termine en la derecha, no tengo dudas.

Mientras la derecha se indigne porque considera a este gobierno de izquierda, no tengo dudas.

Mientras la Mesa de Enlace se sonrí­a victoriosa rodeada de porotos de oro, y los gurúes de la City auguren inminentes cataclismos, no tengo dudas.

Mientras haya tanta libertad que se pueda decir que el oficialismo hace todo mal y que lo seguirá haciendo mal, no tengo dudas.

Mientras se pueda caricaturizar con libre albedrí­o a la presidenta y su marido en el lecho conyugal, no tengo dudas.

Y si a esas caricaturas del matrimonio las incluyen en un film “porno, menos dudas tendrí­a.

Mientras la iluminada Casandra augure que la Argentina “podrí­a desaparecer del mundo civilizado, no tengo dudas.

Mientras gran parte de la sociedad democrática se expresa públicamente dí­a y noche, en la vigilia y en el suelo contra el gobierno, no tengo dudas.

Mientras la luz y el gas no se apaguen, y no se seque la nafta, y no colapsen los radares, los aviones y los trenes sin hacer caso de las profecí­as, no tengo dudas.

Mientras los jubilados de antes y los de ahora cobren normalmente con plata como todos los trabajadores, no tengo dudas.

Mientras quienes se reconocen progresistas, pero están contra el Gobierno, posan incoherentes en la foto junto a los no progresistas históricos, no tengo dudas.

Mientras haya aquí­ patriotas aterrados porque una empresa multinacional argentina es estatizada en Venezuela, y esos mismos patriotas ni siquiera se inquietaron cuando fue privatizada toda la Argentina, no tengo dudas.

Mientras de un lado esté Marcos Aguinis y del otro José Pablo Feinmann;

y de un lado esté la Tribuna de doctrina

y del otro Carta abierta de los intelectuales,

y de un lado estén Blumberg, el rabino Bergman y el gatillo fácil,

y del otro las garantí­as y el juez Zaffaroni; no tengo dudas.

Eso sí­:   tengo dudas de no tener dudas.

Pero la oposición, paradójicamente,  me inspira certidumbres.

Sí­,  certidumbres opositoras contra las certezas de los opositores.

Publicado por Orlando Barone

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Reportaje a Roberto Di Cosmo en Página12

Posted in artí­culos, publicaciones on mayo 12th, 2009 by riverplatense

Nota original acá

“A la gente se le vende una porquerí­a y se la educa para que la use

Por Verónica Engler

–Tanto en su artí­culo “Trampa en el ciberespacio como en su libro Asalto planetario. El lado oscuro de Microsoft usted planteaba un escenario informático mundial de extremo control sobre la información de los usuarios, al lado del cual el Gran Hermano de 1984 parecí­a una broma. Hoy, a más de una década de haber escrito ambos textos, ¿cambió su visión?

–Ese escenario no cambió mucho. Pero la cantidad de información que nosotros pusimos bajo forma digital aumentó masivamente. Hoy se pueden saber un montón de cosas de otra persona. Y el tema de controlar todo no está sólo en Microsoft, que era la empresa que apuntaba a hacer eso hace diez años. La estrategia de ellos era muy clara, querí­an controlar los servidores, los clientes, las máquinas, los navegadores, todas las herramientas de Internet. Querí­an controlar todo eso por razones económicas, pero una vez que se crea un armatoste de ese tipo significa más poder. Y hoy en dí­a la cosa se volvió más compleja porque hay más, está Google por ejemplo, con la diferencia de que ellos tienen un principio ético-moral, que dice “don’t be evil, “no sea malo, aunque eso no tranquilice demasiado, pero por lo menos da un poco de paz en relación con la gente de Microsoft, cuya divisa nunca fue “no sea malo, sino “cague a todos los que pueda a condición de mantenerse primero en el mundo. Ese tipo de situación es todaví­a más impresionante desde el punto de vista de la población que no toma conciencia de los peligros que implica dejar toda su información en red. Hay tantas cosas útiles, prácticas y cómodas, como Facebook, donde uno pone información, se contacta con amigos y termina poniendo la mitad de su vida ahí­. Así­ son los sitios de redes sociales en general, no sólo Facebook. Y lo que pasa es que después eso tiene consecuencias. Está todo basado en una regla autoimpuesta de las empresas. Si uno decide irse de Facebook, YouTube o Flicker, ¿puede borrar sus cosas, bajar sus fotos? No. ¿Y cómo se hace para hacer desaparecer toda esa información que uno ya no quiere que esté online? No se sabe. Una vez que se ponen las cosas ahí­, después no se sacan nunca más. No sé si acá llegó, pero en Norteamérica y en Europa ya hay reportes de gente que empieza a tener problemas porque, por ejemplo, cuando se van a presentar a una empresa para que los reclute, los buscan en Internet y encuentran todas sus páginas y miran todo lo que hizo esa persona, y capaz no les gusta lo que ven y no le dan trabajo, y eso es muchí­simo más eficaz que pagarle a un detective privado. Todaví­a no hay sensibilidad para eso, que es un problema real de seguridad. Pero con respecto a hace diez años, en algunas cosas sí­ hubo mejoras. Porque yo pensaba que no habí­a manera de salir del monopolio de Microsoft, porque tení­an demasiado poder. Pero hoy en dí­a se ven pruebas de que todo el movimiento de software libre se profesionalizó, entró en las empresas, creó infraestructura. Y eso (el software libre) está basado en un principio completamente opuesto al de la empresa tradicional. Eso da un poco de esperanza, pero no tranquiliza acerca de la seguridad de la información. Se tiene que volver una prioridad industrial mantener la confidencialidad de la información personal, dar la posibilidad de borrar las cosas que uno no quiere que circulen más.

–¿Por qué si está tan probada la vulnerabilidad de un programa como Windows sigue siendo el sistema operativo más utilizado?

–El hecho de que hay productos de software que son una porquerí­a, que los vendan caro y que no se pueda elegir otra cosa, no es un problema tecnológico, es un problema económico de mercado. El teclado que usamos hoy en dí­a, el Qwertyw, en su origen era para que las chicas que tipeaban hace doscientos años pudieran ir más lento porque si no se trababa la máquina, entonces eligieron esa disposición de las teclas. Buscaron la disposición del teclado más innatural, la que atrasa más cuando se tipea. ¿Hoy en dí­a tiene algún sentido? No, hoy esta computadora (dice señalando su notebook) podrí­a resistir a un superhéroe que tipeara quinientas mil palabras por minuto, pero sigue eso así­ porque fue un estándar impuesto por reglas de mercado, por la mala tecnologí­a de la época, porque no sabí­an hacer máquinas de escribir bien, entonces trabaron al usuario y después el usuario a fuerza de educarse para usar una cosa mala se quedó con eso. Casi todo el mundo tiene Windows, trabajan lento, le llenan de cosas la computadora y después les venden tres antivirus. El hecho es que a la gente se la acostumbra así­, se le vende una porquerí­a, se la educa para que use esa porquerí­a, y de esta manera se tiene un mercado alrededor de la porquerí­a y eso no se destraba fácilmente. ¿Por qué uno no se puede sacar de encima los productos de Microsoft? Porque cuando compra una PC viene con el Windows, y aunque no lo quiera lo tiene que pagar. Pero eso no es un problema tecnológico, sabemos hacer cosas mucho mejores. El problema es cómo hacer para que la gente cambie de cosas que son tecnológicamente malas a cosas que son tecnológicamente buenas. En Francia hace diez años que peleamos de varias formas, muchas veces se termina en juicios que de a poco las asociaciones de usuarios van ganando. Acá en Argentina, en la época de la crisis de 2001-2002, con la devaluación del peso, instalar el Windows en una máquina y cobrarlo salí­a carí­simo. Entonces se abrió una posibilidad de mercado para que se instale un Linux (sistema operativo software libre, alternativo a Windows, que se desarrolló en diversas distribuciones, que son variedades del mismo programa), que lo hace una empresa que se llama Pixart, y ellos aseguraban que cuando se compraba la computadora todo funcionara con el Linux. Si la gente lo usa, después se puede hacer formación, crear programas, productos, cosas autónomas, y te liberás de ese desastre.

–¿Y por qué no hay más casos como el de Pixart, que logró trabajar con los fabricantes de computadoras para que acepten venderlas con Linux?

–Porque Microsoft les dice a los fabricantes de computadoras: “Si instala Windows en todas sus máquinas, sin ninguna excepción, cada copia sale cincuenta. Pero si hay una sola máquina en la cual no se instala mi Windows, entonces cada copia sale cien. Además, si lo instala en todas, le doy plata en campaña de publicidad. Con esas condiciones, al fabricante de computadoras, aunque tenga el veinte por ciento de gente que no quiere Windows, le sale más barato ponerlo en todos lados y bancarse a ese veinte por ciento de gente que no lo quiere y explicarles o mandarlos a la mierda. Todas estas modalidades no son para nada éticas y, de alguna forma, son ilegales. Hay juicios contra Microsoft en Estados Unidos y en Europa que terminaron en acuerdos, en los cuales Microsoft se comprometí­a a no hacer más eso, a no cobrar más diferenciadamente. Pero ¿quién controla eso? Por ejemplo, una de las empresas de mi grupo, que se llama Mandriva, edita una distribución de Linux en Francia, y como es francesa, obviamente tiene más entrada en la zona de Africa del norte, que es francófona. Los de esta empresa tení­an que equipar unas netbooks (computadoras pequeñas de bajo costo) para educación en Nigeria. Los tipos participaron en una licitación pública, la gente de Microsoft también participó, e igual ganaron los de Mandriva. Vendieron miles de netbooks con Linux, hasta que de repente recibieron un llamado de la gente de Nigeria diciéndoles: “Cambiamos de idea, así­ que les vamos a pagar todas las máquinas que ya nos llegaron instaladas, pero a partir de ahora vamos a reformatear todo y vamos a poner Windows. Entonces, el dueño de esa empresa puso un post en su weblog con una carta abierta a Steve Ballmer, el dirigente de Microsoft. Muy sutilmente le dijo que ellos habí­an ido a corromper al gobierno (de Nigeria). Se armó un lí­o tremendo y al final volvieron atrás y pusieron software libre por todos lados.

–Sin embargo todaví­a predomina el mito de que Linux es un sistema operativo para expertos.

–Eso es una mentira. Para doña Rosa puede haber sido difí­cil usar Linux hace diez años, pero no ahora. Instalar un Ubuntu (una distribución muy popular de Linux) es una cosa muy sencilla. Y en grandes empresas o en administraciones estatales la situación es aún más sencilla, porque en las computadoras de grandes organizaciones sólo se necesita instalar un número de software muy preciso y nada más, cualquier otra cosa que se instala, complica la existencia. En la policí­a militar de Francia decidieron hace dos años pasar de Office (el paquete de oficina de Microsoft) a Open Office (un paquete de oficina software libre). Y estos militares no son marxistas peligrosos, ¿no? Y ahora decidieron que también van a pasarse a Linux, evaluaron si el cambio afectaba algo en la modalidad de trabajo y vieron que no, por lo que no tení­a sentido seguir pagando setenta mil licencias de Windows, una para cada máquina. Esa fue una decisión técnica, no polí­tica.

–Todaví­a impera una idea algo romántica en torno del software libre. Se supone que quienes usan o desarrollan este tipo de tecnologí­a forman parte de una tribu anárquica que sólo trabaja por liberar la información del yugo del capital.

–Crear proyectos de software libre y tener éxito no es sencillo. Es algo difí­cil cuando uno solamente lo encara desde el punto de vista filosófico. Lo que funciona y tiene éxito, en general, tiene toda la comunidad alrededor. Pero esa comunidad no nace por generación espontánea. A veces a mí­ me hartan un poco esos sociólogos que vienen a estudiar el fenómeno del software libre y explican que esto es la nueva versión del marxismo porque la gente contribuye. Una vez escuché a un tipo que decí­a que Linux está desarrollado por miles de personas de manera completamente distribuida y cada uno escribe unas lí­neas, después se pone todo junto y mágicamente funciona, y esa es la inteligencia colectiva. ¿Ese señor habrá visto alguna vez en su vida una lí­nea de código? Seguro que no. Porque el software libre es una cosa compleja. No se desarrolla de manera caótica, se crea con un equipo pequeño, al principio no hay comunidad. Ese equipo desarrolla una idea que poco a poco atrae interés y llega a una situación de comunidad alrededor de una base de código y con una estructura de gobierno del código muy importante, que puede ser variada, pero nada es anárquico, al revés, está muy bien estructurado, pero es una estructura en la que la gente puede participar sin depender de decisiones centrales del mando de una empresa.

–¿Por qué le parece importante que el software libre empiece a utilizarse en la administración pública?

–Los gobiernos lo que tienen que hacer es parar de decir que como ellos no entienden nada de tecnologí­a o de computación, entonces van a ver en el mercado lo que hay y compran lo mejor de lo que les vende el marketing. Se tienen que dotar de conocimientos internos. El software que el Estado contrata para infraestructura neurálgica tiene que ser duradero, es decir, tienen que ser capaces de controlar ese software de acá a veinte años. Hubo un momento en que el Estado argentino no podí­a hacer más documentos de identidad porque la máquina que los editaba se la habí­an comprado a Siemens con su software y los de Siemens se fueron con todos los técnicos, y el Estado se quedó por meses sin documentos. ¿Cómo puede ser que pongan infraestructura fundamental del Estado en tecnologí­a que depende de otros? En cualquier libro de administración, en el primer renglón dice: “No se depende de un proveedor único. Y además la ventaja del software libre es que el pibe de un barrio de Buenos Aires puede tener el mismo nivel de competencia acerca de ese software que un ingeniero de una empresa norteamericana, porque tiene acceso al código fuente (con el que está hecho el programa).

–¿Cómo surge el Grupo de Trabajo sobre Software Libre que usted lidera en uno de los polos de competitividad que creó el gobierno francés? ¿Por qué el grupo está conformado por pymes, grandes empresas y universidad?

–El gobierno francés hace cinco años definió una polí­tica con una finalidad económica muy orientada, para la que se crearon polos de competitividad que tendrí­an tres patas: universidad, investigación y empresa. La idea era poner a esa gente junta para desarrollar tecnologí­a de primer nivel para que esa tecnologí­a llegue a crear y agrandar mercado, y desarrolle la economí­a de un territorio. Para que eso funcione se necesita investigación que traiga ideas nuevas, universidades que formen los recursos, y también se necesitan las empresas que lleven esas ideas nuevas a productos que lleguen al mercado con una estrategia empresarial. Pero tienen que tener una visión, porque si la única visión del empresario de la pyme es ver cómo llega a fin de mes y no tiene una visión a largo plazo, se va a fundir. El grupo nuestro, que es de setenta miembros, tiene una visión. Se necesita un poco de estabilidad cuando se crea una estructura de este tipo. Nosotros tenemos reuniones cada mes, tenemos una estructura fija, hay como trece personas trabajando a tiempo completo para animar ese polo de competitividad, donde nosotros (el grupo de Software Libre) somos sólo una fracción. Armamos convenciones internas, le pasamos información a la gente, hacemos reflexiones estratégicas a largo plazo, y eso no se hace a la noche en el tiempo que sobra, es necesario gente profesional que lo haga, y es más fácil conseguirlo si se tiene a alguna de las grandes empresas estables que no dependen de qué pasa mañana en la bolsa. Pero esas empresas tienen que saber coordinar y orientarse con todo el tejido de pymes y universidad, tener lo que nosotros en Francia llamamos vocación de servicio. Lo que me sorprendió es que la gente que está en ese polo tiene una visión de paí­s.

–¿De qué manera la interacción entre estos actores puede tener incidencia en el sistema productivo?

–En las actividades de software libre se creó mucho empleo, se necesitan recursos en segmentos de mercado muy distintos. Para ganar plata en el mundo del software, en general, hay dos grandes opciones: el mercado masivo o nichos de mercado. Los nichos de mercado no son algo negativo, sino simplemente que se tienen pocos clientes, muy especializados, pero con muy alto valor adquisitivo. Por ejemplo, unas de las empresas que están en el grupo nuestro trabaja en el sector de seguridad y de aviación. El mundo de la aviación es un nicho porque no hay muchos fabricantes de aviones, pero esa gente tiene exigencias muy altas de calidad de software y están dispuestos a pagar mucho. Lo que se vende es el conocimiento profundo de ese componente de software libre que necesitan. Ellos no se quieren convertir en desarrolladores, necesitan gente que les haga soporte, les dé garantí­as, exactamente lo mismo que con el software propietario, con la ventaja de que siendo software libre no se quedan atrapados, porque con ese software pueden hacer lo que quieren. En cambio, el mercado de masas tiene una estructura completamente distinta. En el mercado de masas el control de la cadena de distribución es fundamental. Acá, en Argentina, la gente de Pixart apuntó al mercado de masas. Y la razón por la cual Microsoft tiene un juego fácil en intentar eliminarlos si quiere, es que ellos sí­ tienen el control sobre el canal de distribución.

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Muy buen libro sobre vim

Posted in educación, publicaciones on abril 23rd, 2009 by riverplatense

Hace unos años, leí­ un libro llamado “A byte of Python” que me pareció muy bueno para usarlo como material de consulta pedagógica. Es más, lo he bajado e impreso y anda mucho de mano en mano. El autor es un indio llamado Swaroop y por supuesto lo publicó con una licencia libre. Hace un tiempo, descubrí­ “A byte of vim”, del mismo autor, y recomiendo fervientemente a quien desee adentrarse en el manejo avanzado de este mí­tico editor, (aunque sea el editor del diablo :P ).

El sitio oficial está acá y pueden bajar el libro desde allí­ o desde este enlace.

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